Virgen del Rosario - Patrona de la Familia Dominicana

El Rosario: oportunidad para mirar a Jesús y hablar de Él.

La Virgen del Rosario es una advocación muy dominicana. Nos invita a mirar lo fundamental del misterio de Cristo y nos invita a hablar de él, es decir a anunciar la Buena Nueva desde nuestra experiencia de Dios.

La misión de los dominicos y dominicas es la predicación, el anuncio del evangelio. El rosario a lo largo de la historia ha sido una forma de predicación ya que ayudaba a la gente a fijarse en lo que era lo fundamental del mensaje cristiano.

 

El Rosario nos invita a vivir la alegría cada vez que recordamos los misterios gozosos. Celebrar que Dios se encarna y es como uno de nosotros, excepto en el pecado, es celebrar a un Dios cercano que no se queda alegremente en “su cielo” sino que se hace hombre y vive nuestras mismas alegrías y tristezas, haciéndose presente en nuestra historia y acercándonos a todos nosotros un poquito más a Dios.

Igualmente el Rosario nos invita a vivir el dolor cada vez que recordamos los misterios dolorosos. No porque Dios quiera que suframos ya que el Dios que se manifiesta en Jesús no quiere el sufrimiento. Dios lo que quiere es que seamos felices. Los misterios dolorosos lo que nos hablan es de un Dios que se pone al servicio del ser humano. Un Dios que lucha por la justicia, por la paz, por la libertad. Un Dios es que solidario y que quiere que todos nosotros seamos solidarios. Jesús muere por ponerse al lado de los que sufren denunciando las injusticias que los hombres y mujeres sufren a nivel social, político, económico y religioso.

Y junto a la alegría y el dolor, el Rosario también nos recuerda que el Dios de Jesús es un Dios salvador. Esto lo vemos en los misterios gloriosos. La lucha de Jesús por un Reino de justicia, de paz, de amor… llega hasta sus últimas consecuencias con su resurrección. Con su muerte vence nuestra muerte y con su resurrección nos da vida plena. La última barrera de vida, que es nuestra muerte, queda vencida y nos reserva un sitio a su lado.

Por último, en los misterios luminosos, se nos invita a anunciar a todas las gentes la Buena Nueva del evangelio: “Id al mundo entero y proclamad el evangelio” (Lc 10,1.9). Se nos invita a vivir como vivió Jesús: sintiéndonos hijos de Dios, luchando por hacer de este mundo un mundo mejor (denunciando las injusticias y ofreciendo nuevos caminos) y viviendo las tristezas y las alegrías de nuestro mundo, haciéndonos cercanos con los crucificados de nuestra historia.

Que la Virgen del Rosario nos lleve a todos a poner nuestra mirada en Jesús para hablar de Él en el mundo que hoy nos toca vivir. Para hablar de Él en nuestras familias, grupos de amigos, trabajos, barrios. Cada vez que luchamos por la justicia, por la paz y la libertad hablamos de Jesús porque esto es lo que Jesús quiere que hagamos (Mt 5, 1-12; 25, 31-40; Lc 4, 16-21)

El rezo del rosario está compuesto de cinco misterios, que van variando (misterios gozosos, dolorosos, gloriosos y luminosos). Cada misterio se compone de un Padrenuestro, diez Avemarías, y un Gloria. Durante el rezo de cada misterio se contempla (medita) el relato del evangelio asociado a cada misterio.

Al final de los cinco misterios se reza la letanía: un conjunto de piropos a la Virgen, a los cuales se suele responde con un ruega por nosotros.

El rosario nos ayuda a conocer mejor a Jesús, su vida y su mensaje.

Misterios Gozosos

  • La Anunciación del Ángel a María
  • La Visita de María a su prima Isabel
  • El Nacimiento de Jesús
  • La Presentación de Jesús en el Templo
  • El niño Jesús hallado en el Templo

Misterios Dolorosos

  • La oración de Jesús en el Huerto
  • Jesús es flagelado
  • Jesús es coronado de espinas
  • Jesús con la cruz a cuestas
  • Jesús muere en la Cruz

Misterios Gloriosos

  • La resurrección de Jesús
  • La Ascensión de Jesús al Cielo
  • La Venida del Espíritu Santo
  • La Asunción de María al Cielo
  • La Coronación de María

Misterios Luminosos

  • El Bautismo de Jesús
  • Las bodas de Caná
  • El Anunció del Reino de Dios
  • La Transfiguración de Jesús
  • La última cena